Ciudad de México.- El cambio climático es la modificación del clima con respecto a los
registros históricos, tanto en una escala global como en una región.
Tales cambios pueden presentarse, entre otros, en las temperaturas, la
nubosidad, la lluvia y los vientos.
Este fenómeno llegó para quedarse y se está observando en todo el
mundo. Para ejemplificarlo, hablemos específicamente de la región de
Guanajuato, donde las lluvias no se han presentado como en años
anteriores, donde normalmente se distribuían durante todo el periodo de
verano.
El principal efecto que pueden tener en la agricultura son los bajos
rendimientos de los cultivos, debido a las altas temperaturas y tanto
exceso como falta de lluvia.
En el 2009 llovieron 525 milímetros (mm) en promedio todo el año,
concentrándose en septiembre 250 mm, esto ocasionó una excesiva
saturación de agua en el suelo con presencia de plagas y enfermedades,
disminuyendo así el rendimiento de los cultivos.
En el 2010 se presentaron lluvias en los meses de enero y febrero,
totalmente inusuales, sin precedente en el ciclo otoño-invierno, con una
precipitación acumulada de 188 mm; asimismo, en julio se ha tenido una
precipitación de 264 mm, sumando en los tres meses mencionados 452 mm,
que si se compara con lo acumulado a la fecha, que asciende a 515 mm en
el año, significa que 88% de la precipitación se ha presentado en enero,
febrero y julio, que no coincide con el ciclo agrícola actual.
Por otro lado, se han registrado lluvias torrenciales: sólo el día 8
de julio se registraron 76 milímetros de lluvia en cinco horas, que
equivale a aplicar 76 litros de agua en 1 metro cuadrado de terreno.
En el Distrito de Riego 011, Alto Río Lerma, ubicado en Guanajuato,
que resguarda y administra los canales, drenes y demás servicios para
riego y drenaje parcelario han tenido a bien desazolvar y dragar los
referidos canales y drenes, para que el desagüe de las parcelas sea
oportuno y no se concentre el agua en los predios, a efecto de evitar
inundaciones.
Esto es de vital importancia, ya que por cada día que pasan los
cultivos inundados, las pérdidas se acumulan principalmente por la falta
de oxígeno, lavado de nutrientes en el suelo y por infestación de
plagas, además de la infección por enfermedades fungosas en las plantas.
Adicional a estas medidas preventivas, los productores deben nivelar
sus terrenos para evitar encharcamientos y hacer un buen trazo de riego y
drenaje.
Sin embargo, la magnitud del problema amerita soluciones de fondo,
como las redes colectivas para riego presurizado y modelo de producción
sostenible, como el propuesto por el Centro de Desarrollo Tecnológico
Villadiego, en Valle de Santiago, Guanajuato, que contempla el uso de
sistemas de riego por goteo y aspersión, el manejo integrado de plagas
(MIP) y uso de biofertilizantes, impulsando así una agricultura
competitiva y sostenible.
*Fuente: El Economista (Leovardo Contreras Alvarado)
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