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viernes, 2 de mayo de 2014

Tecnología usa contaminación acústica para generar energía

Panamá.- La tecnología puede satisfacer la demanda que tiene la población actual, pero también puede ser beneficiosa para el medio ambiente y, así, mantener el planeta. La arquitectura de hoy en día, no sólo se basa en un edificio sino que busca minimizar el impacto negativo de los edificios mediante la mejora de la eficiencia y el uso de modernos materiales para su construcción. En este sentido, el ruido es una de las formas más comunes de contaminación en las ciudades. Lo que se desconoce es que es una fuente importante de energía que aún no se ha valorado.
 
Es por ello que Soundscraper aprovecha la contaminación del ruido en las grandes ciudades, mediante el sonido en el aire, y lo convierte en energía. ¿Cómo? El Soundscraper está situado junto a las infraestructuras de transporte, principalmente fuera de los centros urbanos donde hay una mayor contaminación acústica, como en las autopistas o estaciones de trenes. En definitiva, todos aquellos lugares donde las vibraciones y el ruido es excesivo.
 
El edificio, de más de 100 metros de altura, está recubierto por un material similar a cilios, sensibles a la contaminación acústica y capaz de transformar el ruido en energía cinética. Y es que, el material esta capacitado para absorber tanto las vibraciones como el ruido de los medios de transporte.
 
Cada uno de estos edificios está cubierto por más de 84.000 piezas, capaces de transformar el ruido de los coches, trenes o incluso aviones en energía cinética. Esta energía, por supuesto, se puede utilizar volcándola a la red o almacenándola en baterías. Todas estas piezas están cubierta con PFIG, sensores de ruido, capaces de convertir los sonidos y vibraciones producidos por los coches, trenes, o aviones en energía cinética.
 
En este sentido, la corriente eléctrica se transfiere a un compartimento de almacenamiento que se redistribuye a la ciudad. Las primera hipótesis es que este edificio podrá producir hasta 150MW/h, cantidad de energía suficiente para el alumbrado público de una ciudad de unos 400.000 habitantes, y reducir las emisiones de CO2.
 
Sin duda, la creación de este edificio es toda una novedad, pero su posterior instalación será todo un hito en temas energéticos. A través de la contaminación acústica se podrá conseguir energía y así proveer las necesidades eléctricas de una ciudad. La energía obtenida podrá ser suficiente para abastecer a toda una ciudad. Una gran idea para reducir las emisiones de CO2 que produce cualquier medio de transporte y evitar la contaminación en las ciudades. El Biodiesel o los coches eléctricos también son otras alternativas para cuidar, proteger y mantener el medio ambiente. 
*Fuente: Diario Ecología 

lunes, 21 de abril de 2014

Generar electricidad al andar

  • El dispositivo usa la transferencia de carga que tiene lugar al frotar dos materiales

  •  Una persona andando produce 67 vatios al día, los que consume un LED durante 100 horas

España.- Un pequeño aparato de sencilla y barata tecnología permite aprovechar la fuerza del viento, el agua o incluso el movimiento humano para producir energía electrostática.
 
Que el cuerpo humano es una gran pila eléctrica es sabido desde hace mucho tiempo. La película Matrix se encargó de recordárnoslo de forma inquietante. La electricidad es la fuerza que hace posibles muchas de nuestras funciones vitales. Y un ser humano puede emitir más energía que una batería de 120 voltios y más de 25.000 julios. 
 
Pero ahora un nuevo descubrimiento hará posible que nuestros más leves movimientos se conviertan en energía eléctrica limpia y renovable aprovechable más allá de los límites del cuerpo. Se trata del generador triboeléctrico rotatorio, desarrollado por científicos chinos y estadounidenses, y que también puede utilizar la fuerza del viento, incluso uno tan leve como de seis metros por segundo, o del chorro de agua de un grifo.  

El aparato aprovecha y vehicula la electricidad que se genera durante la fricción entre dos materiales, a través del proceso denominado transferencia de carga, el mismo que crea la fuerza electrostática cuando frotamos un paño con un cristal, o que nos pone los pelos de punta, en un sentido literal, cuando nos peinamos.

“Una persona caminando puede generar una energía de 67 vatios al día aproximadamente, y si, contamos el movimiento de todo el cuerpo, puede alcanzar los 100 vatios”, explica Zhong Lin Wang, del Instituto de Nanoenergía y Nanosistemas de Pekín y uno de los padres del invento, cuyo proceso de desarrollo, en el que ha participado también personal del Instituto de Tecnología de Georgia (Estados Unidos), donde Wang ejerce de profesor de Ciencias de los Materiales, se plasmó en un artículo publicado en la revista Nature Communications.

Descubrimiento casual
Con esa energía se puede mantener encendida una bombilla de 100 vatios durante una hora, o una pequeña luz LED de un vatio durante 100 horas. La cuestión era cómo cosecharla. Y los nanotecnólogos han descubierto la manera. Aunque, de hecho, lo consiguieron de forma casual cuando trataban de desarrollar generadores piezoeléctricos, una tecnología radicalmente distinta que se basa en aprovechar la carga que se genera en determinados cristales naturales o sintéticos al someterlos a presiones mecánicas.

Al detectar que la salida de energía en uno de esos dispositivos era mayor de lo esperado, e indagar sobre la causa, descubrieron que ésta era la generación de electricidad causada por la fricción. Y empezaron a trabajar para ver de qué manera la podían acumular y transmitir.

El dispositivo se basa en generar energía electrostática entre dos materiales, uno que dona electrones y otro que los recibe y, tras separarlos, colocar electrodos en los extremos de ambas superficies, por los que fluye una corriente en un intento de igualar las cargas eléctricas de ambos.

Repitiendo el proceso se puede generar una corriente alterna que puede ser transmitida a algún aparato eléctrico. Una pequeña turbina permite al aparato aprovechar la fuerza del viento o del agua para ello.

En el caso del movimiento humano, se trata de dos masas inertes que se mueven en el interior de un dispositivo rotatorio las que permiten aprovechar la energía mecánica generada por el balanceo de la mano del individuo que camina con el aparato en ella.

Según los autores de la investigación, el dispositivo consigue una eficiencia del 24% y demuestra su capacidad para generar energía renovable, que creen que podría obtenerse a gran escala con esta tecnología aplicándola a fuentes como vibraciones de todo tipo de la naturaleza, ondas de sonido, el movimiento de los coches, el viento, la lluvia o el oleaje. Su pequeño tamaño y su bajo coste lo hacen idóneo para convertirlo en un producto de consumo masivo que puede alimentar aparatos como teléfonos móviles o sensores.

*Fuente: EcoAvant

miércoles, 9 de abril de 2014

Estudiantes mexicanos crean electricidad con agua de lluvia

Ciudad de México.- Con poco menos que genialidad, estos estudiantes produjeron pequeñas turbinas que, movidas por el agua de la lluvia, generan energía eléctrica. La idea es acoplarlas en zonas marginadas para resolver problemas.

El 73.6 por ciento de la electricidad en México es originada por la quema de combustibles fósiles. Por la cantidad de energía solar que posee el país, podría producir cincuenta veces su demanda diaria. Y aún así la energía eléctrica se sigue procediendo mayormente de la quema de fósiles, que arrojan el 32% de las emisiones totales de CO2 del país a la atmósfera (un gran y triste absurdo).

Imaginar, implementar y exigir alternativas de generación eléctrica limpia en México es inaplazable. Recordemos que este país ocupa el tercer lugar en potencial más alto del mundo en aprovechamiento de energía solar.

El movimiento generado por el agua es otro de los recursos usuales aprovechados para la generación de energía eléctrica (cualquier tipo de energía puede mutarse en electricidad). Con esa premisa en mente, un grupo de estudiantes mexicanos de la Universidad Tecnológica de México desarrolló una pequeña turbina que se adecua a los techos de zonas habitacionales marginadas. La caída de agua incita el movimiento en la turbina y esta, a su vez, produce electricidad.

Hasta hoy han conseguido que su sistema provea de energía a artefactos medianos, como pequeñas neveras. Pero los creadores de Fluvia como llaman al proyecto, planean expandir su capacidad.

El hecho de que estudiantes exploren métodos económicos y viables de energía limpia, para incorporarlos en zonas marginales, es más que inspirador. Mientras los gobiernos se determinan a hacer lo mismo pero los resultados son pobres, el desarrollo de proyectos que promuevan una cultura ecológica en las zonas menos educadas, y de paso hagan una labor social inmediata, es realmente afortunado. Bienvenido Fluvia.

*Fuente: Conciencia Sustentable